El blog de Joaquín...

Blog de este proyecto de periodista PUC, donde serán expuestos sus super obras literarias XD XD XD... No, donde serán publicados los trabajos del ramo "Introducción a la Narración" y otras yerbas por ahí.

Tuesday, April 25, 2006

"Día Común en la Vega Central"

Hola, 1ero q nada, mil gracias a todos los q postearon el trabajo anterior, q luego de apelar la frase conflictiva termino con 6.5 en la PUC, lo q no es menor, y da cuenta d q estaba bien hecho, lo q se explica tb pq cuando lo hice estaba motivado.
Bueno, este trabajo no lo ha leído casi nadie, y es el 2do de la serie, y nada tiene q ver con el anterior. Este es medio extraño, pero bueno, de todos modos espero q les guste, y si no, igual postéenme sus comentarios.
Se trataba de q a todos los alumnos de la PUC nos mandaban a un lugar distinto de Santiago a hacer una narración sobre él. A mi me mandaron a la Vega Central, y esto salió:


INTRODUCCIÓN A LA NARRACIÓN


Día común en la Vega Central

No siempre se tiene la suerte de encontrar buenas historias para contar. A veces, no se encuentra nada sobrenatural, ni nada de nada. Aunque, de vez en cuando, es bueno mirar el mundo real, en un día común, en un lugar normal, como la Vega.


Alumno: Joaquín Bustos R.


Este relato bien podría haber sido de cosas muy interesantes que alguna vez pasaron en ese lugar de Santiago conocido como la Vega Central. Pero usted, que leerá estas líneas, no se haga falsas ilusiones. No hay mucho que atraiga a un lector promedio.
El lugar exacto donde estaba la Vega, era una incógnita. El cielo de la tarde santiaguina comenzaba a pasar de su habitual celeste gris, a un tono frambuesa. La Vega parecía escabullirse entre las calles sucias, y llenas de inmundicia.
“Doble en esa esquina, no en ésta, y en el primer pasaje, que está antes del otro, derechito, ahí esta la Vega”, fue una indicación aportada por una señora de buen corazón, pero de no tan buena expresión oral.
A medida que la distancia hacia la mole de cemento y fierros se hacía menor; las betarragas, papas, uvas, y cuanta hortaliza podrida pudiera uno imaginarse desparramadas en la vereda; aumentaban en forma inversamente proporcional.
Algún dato más entregado por un anciano que hace a diario el aseo en los alrededores de la Vega, y ésta, en un par de minutos, aparece en el contaminado horizonte de la ciudad.
El ambiente no era el de un lugar en el que un ciudadano común quisiera pasar sus vacaciones. Restos de alimentos varios, agua sucia, y borrachos por doquier. Un mendigo que vive al lado de esta feria gigantesca, adorna el cuadro. Imaginarse como huele no debe ser tan difícil. Al menos las decenas de moscas que pululan ayudan a hacerse una idea.
Una vez dentro, el panorama no se ve más alentador. La gente que transita por el sector tiene cara de acostumbrada a convivir con la suciedad. Un tipo con un cuadernito en la mano y con su ropa limpia es el elemento que rompe la armonía. Quizás por esto que los habitantes del lugar no accedan a contar sus historias.
“Nunca ha pasado nada”, “No me gusta hablar”, son frases que demuestran la desconfianza hacia los extraños de algunos locatarios. Tal vez varios “no” seguidos quieren decir que es hora de abandonar la faena.
El lugar comienza a alejarse. Sus aromas persisten en la piel y en la ropa. Las calles de la capital, rumbo a Maipú, siguen casi igual de sucias que en las inmediaciones de la Vega. Nada ha cambiado mucho, sólo es un día común en el tercer mundo, luego de un paseo por la Vega Central.

Thursday, April 13, 2006

"La importancia de andar siempre atrasado"

Bueno, pa inaugurar el blog los dejo con mi 1er trabajo de mi queridísimo ramo introducción a la narración... muchos de ustedes ya lo han leído, pero igual les pediría que dejaran sus comentarios. Sobre todo considerando q estamos peleando cada 1 de las décimas... una frase me salió media conflictiva XD... Yap, aqui los dejo, espero q les guste.
INTRODUCCIÓN A LA NARRACIÓN


La importancia de andar siempre atrasado

Hace un buen tiempo que tengo la “sana” costumbre de llegar tarde a todos lados. Una conversación, en casa de un amigo, me hizo tratar de corregir esta conducta. Pero el destino quiso que justo lo hiciera cuando mejor me hubiese sido llegar tarde. O no llegar.


Alumno: Joaquín Bustos R.


No recuerdo bien cuál fue la primera vez que llegué tarde a clases. Debe haber sido hace más de doce años ya. El caso es que en el último tiempo he mantenido esa sana costumbre de mirar muy poco el reloj. Lo que me ha traído más de algún problema. Pero si empezara a urgirme por el tiempo, dejaría de ser yo.
Recuerdo que el otro día estaba tomando once en casa de mi buen amigo Juan del Molino, donde, por lo extrañamente frecuente de mis visitas, ya no parezco visita. Conversábamos animadamente con toda su familia, sólo faltaba su hermana en la mesa, que andaba en su colegio de nombre raro vendiendo completos.
No sé de qué conversábamos, pero empecé a hablar de lo mediocre que son los habitantes de este país. Me dijeron que a lo mejor criticaba mucho, y hacía poco por cambiar las cosas, a lo que yo respondí con argumentos no muy buenos, al parecer, porque ya no los recuerdo. Estaba en eso cuando atacaron mi talón de Aquiles.
“Tú tienes fama de andar siempre atrasado. Eso también es una conducta tercermundista”, me dijo el papá de Juan. Se me vino de inmediato a la mente la imagen de mi curso en un día cualquiera, aplaudiéndome por tener el descaro de entrar a la sala con cuatro horas de atraso.
“Es que el año pasado andaba cansado, porque estudiaba todo el día y hasta muy tarde. Pero me sacaba buenas notas”, dije yo, lo cual era cierto. “Está bien. ¿Pero no te da vergüenza ahora que entras a las once y media, llegar tarde?”, contraatacó el papá de mi amigo sin piedad.
"Sí, es verdad (no sabía muy bien que decir), voy a empezar a llegar temprano”, afirmé. Y lo que digo generalmente lo cumplo, así que me propuse a mí mismo no llegar nunca más atrasado.
El lunes llegué tarde. Pero al día siguiente sí o sí tenía que llegar a la hora. Y cumplí. Llegué puntualmente, recién bañado, con ropa nueva, y contento por haber cumplido. La clase fue como cualquier otra, hasta que se escucharon unos golpes ensordecedores en la puerta.
Mechoneo. Sí, era lo que nadie esperaba en la tercera semana de marzo. Muerte a mis pantalones nuevos. ¿Por qué tenía que llegar temprano por primera vez en el año, justo el día del mechoneo?
En la tarde fui donde Juan, y a sus papás les hice ver la importancia de andar siempre atrasado.