El blog de Joaquín...

Blog de este proyecto de periodista PUC, donde serán expuestos sus super obras literarias XD XD XD... No, donde serán publicados los trabajos del ramo "Introducción a la Narración" y otras yerbas por ahí.

Sunday, October 08, 2006

"El acuario"

Aquí va un trabajo de lengua española, que tenía limite 68 palabras, titulado "El Acuario".

La columna de burbujas, ascendía por el centro del agua cristalina. Parecía que los corales multicolores del fondo se incendiaban, liberando rítmicamente pequeñas partículas de aire. En torno a ellas orbitaban tres ejemplares. Sus febriles tonalidades zigzagueaban constantemente. No importaba para ellos el día o la noche. El movimiento era mecánico. Estar encerrado entre paredes de vidrio vuelve un autómata a cualquiera. Especialmente si uno es un pez.

Thursday, June 29, 2006

"Un sastre por favor"

Aquí va el último trabajo de INTRODUCCIÓN A LA NARRACIÓN, ramo en el que no tenía ningun problema a pesar de entregar mas del 50% de los trabajos tarde. No tenía, hasta que entregue este trabajo, porque me chantaron el sendo 1.0 y me dejaron al filo y peligrando pa pitearmelo. Bueno, no tenía pensado subirlo, hasta que Diego me dijo q lo subiera, y en vista a los buenos comentarios q recibió por parte de Margarita, Paulina y Luis, procederé a subirlo. Yo antes pensaba que me había quedado como el orto, pero creo que igual tiene su lado bueno. Léanlo, se los dejo... se suponía q tenía q reportear a un sastre, y luego incluir su telefono de contacto, pero en buen chileno, me dio paja y rellene con lo q se me vino a la mente...


Un sastre por favor

¿Existen realmente los sastres? ¿las modistas son sólo entes ficticios creados por alguna falla en nuestro espacio-tiempo? ¿hasta cuándo habrá que esperar para encontrar a alguno que tenga algo que contar?, resolvamos las interrogantes ahora ya

Probablemente lo mejor hubiese sido conseguir un sastre de alto nivel. Sí, uno que aunque no gane tanto como Don Francisco, al menos fuese reconocido en su trabajo. Habría sido mejor conseguir una historia interesante, porque seguramente las modistas y los sastres deben tener muchas cosas para contar. Pero no hay nada de nada. Y esta vez sí que es verdad.
Caminando por las calles oscuras de la ciudad, se divisan en algunos puntos de esta, tiendas de ropa, viejos vendiendo cuchuflíes, un zurcidor japonés (al menos así se llama el local), y otros lugares donde pequeños capitalistas deben soñar con algún día estar echados en la playa, mientras su negocio marcha sobre ruedas, y etcéteras varios. Pero modistas, ni por nada, si hay algo que aquí no sea vea son modistas.
¿Debería desesperarse el tipo que va a tener que escribir esta historia en algunas horas más? podría ser, ya que está siendo incapaz de hallar un sastre, para que le cuente con voz de sastre, historias de sastres, cosas de sastres, y toda una lista acompaña de "sastres". Más bien, debería decir "desastres", porque no quiero imaginar qué va a pasar si es que no encuentro ninguno.
Sí, por aquí hay algunas modistas al parecer. Pero en realidad tienen cara de... ¿cara de qué puede tener una modista?, de modista supongo. Sí, esa cara creo que tienen estas señoras. Las dejo mejor.
Hoy no es el día de buscar sastres por el mundo. Sobre todo si la inspiración no fluye. Se podría recurrir a recursos baratos como la mentira, y la invención de realidades falsas, pero para qué hacer semejantes estupideces.
Esto se está convirtiendo en un castigo chino. En realidad no tengo idea cómo serán los castigos chinos, pero supongo que te mandan a hacer trabajos ridículos que no quieres hacer cuando estás con la soga al cuello en otro ramo, y no tienes a una modista que te salve el pellejo.
El cielo de Santiago comienza a llorar lágrimas ácidas de contaminación, como una especie de "paren de ensuciarme, por favor". Algo así parece decir esta lluvia que cae del cielo, mientras moja mi cabeza que piensa cómo rellenar dos páginas tamaño carta sin tener nada importante que decir.
Aunque creo que tengo una tía que hacer ropa. Bueno, no será Gianni Versace, pero hace ropa igual. ¿Por qué a mí?, ¿por qué justo no está en casa?, cuando era mi última opción de salvación. Veo que Dios se ensaña con alguna gente en este mundo.
Creo que de todos modos, igual debe ser fácil ser sastre. No opine, le dijeron en las instrucciones del trabajo al tipo que escribe. Pero, ¿la literatura es para romper esquemas o no?. Supongo que debe ser agarrar un pedazo de tela, meterle unos tijeretazos por aquí y por acá, coserlo un poquito mas allá, y listo. No, creo que eso sería estar simplificando aquel trabajo, tiene su ciencia ser modista, o sastre (que vendría a ser lo mismo).
La historia no tiene fin. En realidad la historia nunca empezó. Sólo somos pequeños entes minoritarios atrapados en un suburbio tercermundista, sin posibilidades de romper nuestras amarras, como "Prometeos encadenados" made in Taiwán. Menos opciones tenemos de romperlas si no hacemos los trabajos de narración como la gente, y más encima los entregamos tarde.


Anexo: Teléfonos de contacto

- Le podría dar el de mi tía, pero para qué, si ni pude hablar con ella


Tuesday, April 25, 2006

"Día Común en la Vega Central"

Hola, 1ero q nada, mil gracias a todos los q postearon el trabajo anterior, q luego de apelar la frase conflictiva termino con 6.5 en la PUC, lo q no es menor, y da cuenta d q estaba bien hecho, lo q se explica tb pq cuando lo hice estaba motivado.
Bueno, este trabajo no lo ha leído casi nadie, y es el 2do de la serie, y nada tiene q ver con el anterior. Este es medio extraño, pero bueno, de todos modos espero q les guste, y si no, igual postéenme sus comentarios.
Se trataba de q a todos los alumnos de la PUC nos mandaban a un lugar distinto de Santiago a hacer una narración sobre él. A mi me mandaron a la Vega Central, y esto salió:


INTRODUCCIÓN A LA NARRACIÓN


Día común en la Vega Central

No siempre se tiene la suerte de encontrar buenas historias para contar. A veces, no se encuentra nada sobrenatural, ni nada de nada. Aunque, de vez en cuando, es bueno mirar el mundo real, en un día común, en un lugar normal, como la Vega.


Alumno: Joaquín Bustos R.


Este relato bien podría haber sido de cosas muy interesantes que alguna vez pasaron en ese lugar de Santiago conocido como la Vega Central. Pero usted, que leerá estas líneas, no se haga falsas ilusiones. No hay mucho que atraiga a un lector promedio.
El lugar exacto donde estaba la Vega, era una incógnita. El cielo de la tarde santiaguina comenzaba a pasar de su habitual celeste gris, a un tono frambuesa. La Vega parecía escabullirse entre las calles sucias, y llenas de inmundicia.
“Doble en esa esquina, no en ésta, y en el primer pasaje, que está antes del otro, derechito, ahí esta la Vega”, fue una indicación aportada por una señora de buen corazón, pero de no tan buena expresión oral.
A medida que la distancia hacia la mole de cemento y fierros se hacía menor; las betarragas, papas, uvas, y cuanta hortaliza podrida pudiera uno imaginarse desparramadas en la vereda; aumentaban en forma inversamente proporcional.
Algún dato más entregado por un anciano que hace a diario el aseo en los alrededores de la Vega, y ésta, en un par de minutos, aparece en el contaminado horizonte de la ciudad.
El ambiente no era el de un lugar en el que un ciudadano común quisiera pasar sus vacaciones. Restos de alimentos varios, agua sucia, y borrachos por doquier. Un mendigo que vive al lado de esta feria gigantesca, adorna el cuadro. Imaginarse como huele no debe ser tan difícil. Al menos las decenas de moscas que pululan ayudan a hacerse una idea.
Una vez dentro, el panorama no se ve más alentador. La gente que transita por el sector tiene cara de acostumbrada a convivir con la suciedad. Un tipo con un cuadernito en la mano y con su ropa limpia es el elemento que rompe la armonía. Quizás por esto que los habitantes del lugar no accedan a contar sus historias.
“Nunca ha pasado nada”, “No me gusta hablar”, son frases que demuestran la desconfianza hacia los extraños de algunos locatarios. Tal vez varios “no” seguidos quieren decir que es hora de abandonar la faena.
El lugar comienza a alejarse. Sus aromas persisten en la piel y en la ropa. Las calles de la capital, rumbo a Maipú, siguen casi igual de sucias que en las inmediaciones de la Vega. Nada ha cambiado mucho, sólo es un día común en el tercer mundo, luego de un paseo por la Vega Central.

Thursday, April 13, 2006

"La importancia de andar siempre atrasado"

Bueno, pa inaugurar el blog los dejo con mi 1er trabajo de mi queridísimo ramo introducción a la narración... muchos de ustedes ya lo han leído, pero igual les pediría que dejaran sus comentarios. Sobre todo considerando q estamos peleando cada 1 de las décimas... una frase me salió media conflictiva XD... Yap, aqui los dejo, espero q les guste.
INTRODUCCIÓN A LA NARRACIÓN


La importancia de andar siempre atrasado

Hace un buen tiempo que tengo la “sana” costumbre de llegar tarde a todos lados. Una conversación, en casa de un amigo, me hizo tratar de corregir esta conducta. Pero el destino quiso que justo lo hiciera cuando mejor me hubiese sido llegar tarde. O no llegar.


Alumno: Joaquín Bustos R.


No recuerdo bien cuál fue la primera vez que llegué tarde a clases. Debe haber sido hace más de doce años ya. El caso es que en el último tiempo he mantenido esa sana costumbre de mirar muy poco el reloj. Lo que me ha traído más de algún problema. Pero si empezara a urgirme por el tiempo, dejaría de ser yo.
Recuerdo que el otro día estaba tomando once en casa de mi buen amigo Juan del Molino, donde, por lo extrañamente frecuente de mis visitas, ya no parezco visita. Conversábamos animadamente con toda su familia, sólo faltaba su hermana en la mesa, que andaba en su colegio de nombre raro vendiendo completos.
No sé de qué conversábamos, pero empecé a hablar de lo mediocre que son los habitantes de este país. Me dijeron que a lo mejor criticaba mucho, y hacía poco por cambiar las cosas, a lo que yo respondí con argumentos no muy buenos, al parecer, porque ya no los recuerdo. Estaba en eso cuando atacaron mi talón de Aquiles.
“Tú tienes fama de andar siempre atrasado. Eso también es una conducta tercermundista”, me dijo el papá de Juan. Se me vino de inmediato a la mente la imagen de mi curso en un día cualquiera, aplaudiéndome por tener el descaro de entrar a la sala con cuatro horas de atraso.
“Es que el año pasado andaba cansado, porque estudiaba todo el día y hasta muy tarde. Pero me sacaba buenas notas”, dije yo, lo cual era cierto. “Está bien. ¿Pero no te da vergüenza ahora que entras a las once y media, llegar tarde?”, contraatacó el papá de mi amigo sin piedad.
"Sí, es verdad (no sabía muy bien que decir), voy a empezar a llegar temprano”, afirmé. Y lo que digo generalmente lo cumplo, así que me propuse a mí mismo no llegar nunca más atrasado.
El lunes llegué tarde. Pero al día siguiente sí o sí tenía que llegar a la hora. Y cumplí. Llegué puntualmente, recién bañado, con ropa nueva, y contento por haber cumplido. La clase fue como cualquier otra, hasta que se escucharon unos golpes ensordecedores en la puerta.
Mechoneo. Sí, era lo que nadie esperaba en la tercera semana de marzo. Muerte a mis pantalones nuevos. ¿Por qué tenía que llegar temprano por primera vez en el año, justo el día del mechoneo?
En la tarde fui donde Juan, y a sus papás les hice ver la importancia de andar siempre atrasado.